Por Stephanie Montero Trujillo

En esta década han ocurrido dos brotes importantes de la gripe por el famoso virus de la influenza. En el período 2004-2005 apareció un brote de gripe aviar en humanos, con una letalidad del 50%, se trató del virus influenza A H5N1 que se extendió por ciertas regiones de Asia y Europa. Recientemente en el período 2009-2010 se desarrolló la pandemia por la variante antigénica del virus estacional; virus influenza A H1N1, que se extendió por los cinco continentes, pero que no cobró tantas vidas como lo hizo en su momento la gripe española de 1918 (virus de la influenza A H1N1, pero una cepa variante),  fue bautizada como “gripe porcina” porque poseía segmentos genéticos del virus de la influenza aviar, porcino y humano.

Para comenzar, la gripe es una enfermedad que afecta principalmente el tracto respiratorio alto, y es causada por el virus de la influenza. La gripe es algo muy diferente a lo que se conoce como resfriado, el cual es causado por los rinovirus.

El virus influenza en un virus de tipo ARN con 8 segmentos genómicos, presenta en su estructura externa hemaglutininas (H) y neuraminidasas (N), ambas se utilizan para la clasificación y nominación de las cepas. Anualmente aparecen cepas circulantes que van variando de acuerdo a eventos genéticos como el reordenamiento de segmentos, mutaciones, intercambio de regiones, etc. Como consecuencia se puede producir “la deriva antigénica” (antigenic drift) para cambios  leves en la estructura del antígeno superficial  del virus y “cambio antigénico” (antigenic shift) que ocasiona variaciones importantes en el antígeno, de este modo se generan las cepas nuevas. Como los anticuerpos que un individuo posee para el virus de la estación pasada son específicos para esa cepa, la nueva cepa no será reconocida por los anticuerpos circulantes, por ende, para ganar la inmunidad deberá generar la enfermedad.

La última pandemia nos dejó muchas lecciones, permitió que saliera una vacuna de emergencia y un antiviral para tratamiento. La tasa de mortalidad para el virus H1N1 (2009-2010) era bajísima, y se limitaba en mayor  medida a aquellas personas que  comprendían el grupo de riesgo, gestantes, personas con obesidad, diabéticos, niños menores, y personas de la tercera edad.

A pesar de que la pandemia acabó, la vigilancia e investigación continua en vigencia, se sabe  que la peligrosidad de este virus es su alta capacidad de mutar y recombinar con cepas muy diferentes (incluso de diferente procedencia; de ave o de cerdo) y generar nuevas variantes. La vacunación confiere protección parcial, sin embargo en el caso de los niños de las gestantes vacunadas, estos presentaban un 39% de riesgo de hospitalización, que a pesar del número es un valor bajo para ese grupo poblacional, recién nacidos.

En la pandemia de la gripe española de 1918 (virus de la influenza A H1N1), los científicos creían que el agente causal era una bacteria, suministrando erróneamente una vacuna bacteriana. Otro aspecto interesante es la co-infección que presenta el virus de la influenza con Streptococcus pneumoniae o neumococo, ya que el riesgo de adquirir esta bacteria se incrementa cuando el individuo está sufriendo de gripe, por eso es bastante común en personas que contraen la gripe el desarrollo de alguna infección bacteriana, que se presenta con tos. Teniendo en cuanta que los decesos por el virus inlfuenza H1N1 están relacionados con la co-infección neumococócica, durante la pandemia 2009-2010;  29 a 55 % de los casos revelaban en las autopsias infección por neumococo, los trabajos de los años 1913 a 1920 demuestran que el uso de vacunas contra esta bacteria reducía notablemente las tasas de mortandad para influenza. También que la bacteria se transmite con más eficiencia si el paciente está sufriendo de gripe, como se demostró in vivo en una camada de ratones, donde, bloqueando la infección por el virus influenza, la dispersión de la bacteria era menor.

Otro hallazgo importante es que comparando el efecto entre la gripe española y el de la pandemia 2009-2010, ambas variantes muestran en las  autopsias de los órganos, que tanto el tracto respiratorio superior e inferior habían sido afectados. Además de esto, el virus de la influenza es mucho más patogénico con respecto a otros virus respiratorios, por eso el tratamiento se realiza con antivirales específicos.

Los programas anuales de vacunación son muy importantes, confiere al individuo protección parcial y a veces total, el hecho que el virus mute constantemente hace muy difícil la generación de una única vacuna, las cepas que van circulando pueden o no variar a medida que pasan los años y la virulencia de cada cepa es una variable de difícil pronóstico, estos virus están replicándose y mutando en cada ciclo de replicación, muchas copias víricas pueden ser inviables, pero unas pocas se vuelven más peligrosas que otras. Afortunadamente esta última pandemia pudo ser controlada, sin embargo la historia hubiera sido diferente si en  la dispersión masiva hubiera estado implicada la cepa H5N1, que es un virus aviar que saltó accidentalmente a un humano y que cobró una buena cantidad de vidas.

Como ya es sabido, cuando la gripe llega, lo básico que tenemos que hacer es mantener los ambientes bien ventilados, lavarnos las manos constantemente y mantener una alimentación saludable para que nuestro sistema inmune pueda generar los anticuerpos respectivos y proporcionar la protección inmunológica.