Por Stephanie Montero Trujillo

Hace unas semanas terminé de leer un libro que estaba esperando su turno por muchos meses. Un libro muy interesante y que recomiendo mucho, que a pesar de haber sido escrito hace muchos años,  continúa en vigencia, se trata de El mono desnudo de Desmond Morris. A grandes rasgos, el libro es un estudio “zoológico” del ser humano, se explican comportamientos vitales como la alimentación,  el sexo,  la exploración, la lucha y la crianza. ¿Por qué “mono desnudo”? por si no nos hemos dado cuenta somos prácticamente primates erguidos que hablan, que a veces piensan y cuya superficie epitelial no presenta el pelaje denso y abundante de los monos. Es cierto que no estamos literalmente desnudos, que tenemos vellos muy finos por todo el cuerpo, pero evidentemente nuestra piel está expuesta y es un rasgo característico del ser humano, una tesis que contradiga esto sería en las mismas palabras del autor “decir que un ciego no es ciego porque tiene ojos”.

Charles Darwin postuló que el Homo sapiens sapiens compartía un ancestro común con los primates  (chimpancés, orangutanes, gorilas, gibones, bonobos, macacos, etc.), esto no quiere decir que procedemos de los monos, sin embargo la evidencia genética demuestra que de todas las especies de mamíferos de planeta, los primates son los que muestran mayor parentesco filogenético. Nuestro origen está muy influenciado por los hábitos de los primates, pero con variantes propias de la presión evolutiva.

En principio el hombre tuvo que adaptarse a lo que el mundo le ofrecía, fue expulsado de los árboles por ser menos robusto y más pequeño, lo que le obligó a caminar en dos patas e iniciarse en el mundo de la caza, tuvo que acostumbrase a la postura erguida, tuvo que fabricar sus propias herramientas, tuvo que acostumbrase a comer pocas veces al día, tuvo que trabajar en equipo, colaborar y organizarse, tuvo que establecerse en un lugar, tuvo que escoger una pareja  a largo plazo, tuvo que formar una familia, tuvo que someterse a una sociedad jerárquica y territorial a la vez, tuvo que aprender a convivir y a obedecer una serie de normas sociales impuestas para vivir en armonía con sus congéneres, tuvo que controlar su instinto, su agresividad, su libertad, así de difícil le fue al Homo sapiens sapiens adaptarse.

La alimentación que inicialmente fue de naturaleza herbívora e ininterrumpida, cambio a carnívora Cuando vivían en los árboles el alimento estaba disponible a todas horas, sólo había que estirar la mano, coger los frutos y comer por varias horas seguidas. Por otro lado el hombre que ya no pudo acceder a estos alimentos tuvo que aprender a cazar, primero presas pequeñas, empezó a  crear herramientas, organizarse y aprender a trabajar en equipo para capturar presas más sustanciosas.. A pesar que la dieta herbívora y frugívora era más deliciosa y variada que la carnívora, esta última era más nutritiva e influyó notablemente en el desarrollo del cerebro y la inteligencia del hombre.

Cubiertas de ediciones de El Mono Desnudo de Desmond Morris

Los que se dedicaban  la caza eran los machos, las mujeres se quedaban en la casa haciendo las demás labores y cuidando a los niños. Para afianzar los lazos familiares la especie se volvió monógama, la garantía que ofrecía el compromiso y la fidelidad permitía que el macho fuera de caza mientras la hembra se quedaba en el hogar, sin el temor de que otro macho le arrebatara a su hembra, y asegure que su linaje continúe expandiéndose. El cortejo se hizo más complicado y prolongado, el sexo dejo de limitarse a la concepción de crías volviéndose exploratorio y divertido. El comportamiento sexual presenta tres etapas: formación de la pareja, actividad pre-copulativa y cópula, no necesariamente en este orden; existe todo tipo de variantes incluso en cada una de las etapas, las señales sexuales y las modificaciones de los órganos para este fin también han influido. Por ejemplo, en los monos la posición sexual más común es la de el macho detrás de la hembra, aunque impersonal, corresponde a su anatomía, por el contrario en los seres humanos, la posición más frecuente es la frontal; hombre y  mujer cara a cara y de manera horizontal, que aunque no lo crean es la posición anatómicamente correcta para nuestra especie, además de incrementar los lazos afectivos durante la cópula. También los pechos femeninos constituyen un atractivo sexual que lejos de favorecer la lactancia materna son una reproducción frontal de las nalgas, lo que permite al macho acercarse en la posición mencionada a la hembra.

Las crías de los seres humanos son las más frágiles y requieren cuidados especiales, la crianza de los pequeños en nuestra especie es la más pesada, la infancia se prolonga a varios años. La lactancia materna es el primer obstáculo, la anatomía de los senos femeninos no son las más adecuadas para facilitarle al bebé la succión: para este fin la punta del pezón debería ser más larga. Nacemos con el llanto, después de la fijación oral a prendemos a reir y controlamos la sonrisa, que es una modificación especializada de la risa. Otro aspecto importante durante la crianza es el contacto social durante la infancia , este, determina su desarrollo normal en la adultez.

Cuando se trata de probar quien es el más fuerte, ya sea para defender un territorio o para aparearse con una hembra, el Homo sapiens lanza señales, se obedecen a las normas sociales establecidas que implican guardar el respeto por lo ajeno y por el espacio individual, el contacto visual prolongado se entiende como una manera de agresión, el contacto con partes íntimas se considera una ofensa, así como el alzar la voz. En el mundo salvaje no es natural que hayan asesinatos intraespecie, la idea de la lucha es demostrar quién tiene más jerarquía, una vez que el mensaje este claro no hay razón para continuar con la pelea.

Así pues, nosotros, los monos desnudos; somos una especie compleja, somos muy competitivos, pero luchamos contra ello para ser colaboradores; somos jerárquicos pero también territoriales; somos herbívoros, pero también carnívoros;  somos seres intensamente sexuales, pero por el bien de la evolución mantenemos la monogamia; somos agresivos, pero nos guardamos respeto; somos independientes de adultos, pero de niños no podríamos sobrevivir sin el cuidado de nuestros padres; somos sociables, pero luchamos por nuestra individualidad; somos terrible, sí … nos aniquilamos entre nosotros mismos. La evolución nos ha forzado a cambiar y a adaptarnos, en ciertos casos de manera drástica, somos una especie joven, y aún a  pesar de todos nuestros errores, somos desde el punto de vista biológico una especie muy interesante, brillante e impredecible con una amplia gama de comportamientos que  se salen del patrón, somos únicos; inteligentes, tiernos, odiosos, generosos, envidiosos, cariñosos, convenidos, curiosos, promiscuos, trabajadores, razonables, apasionados, exploradores y seguramente millones de cosas más.

La evidencia de por qué algunos son más semejantes a los primates.