Por Stephanie Montero Trujillo

Relaciones sentimentales… que puedo decir, mis cortos años me han enseñado por experiencia propia y ajena que la complejidad de su dinámica se asemeja más a un juego de ajedrez que a uno de damas. Científicamente los fenómenos del enamoramiento y del amor se han demostrado total y parcialmente mediante las disciplinas más universales; la química, la matemática, y la física.

Para empezar, el enamoramiento y el amor son cosas completamente distintas, en buenos términos una puede ser consecuencia de la otra, pero no necesariamente tiene que ser así. De manera simple; puede usted enamorarse de 30 personas diferentes en toda su vida, pero puede amar a lo mucho sólo a 3. El enamoramiento es la etapa inicial fundamentada en la atracción, con el tiempo puede convertirse en amor, que implica sentimientos de confianza y confort, ambos procesos desencadenan reacciones bioquímicas completamente distintas. En el primer caso el componente químico asociado es la dopamina, hormona y neurotransmisor (molécula que al unirse con su receptor específico produce señales que se traducen en las reacciones del individuo) que se sintetiza en las glándulas suprarrenales de la médula,  cuando una persona sufre de enamoramiento, una región del cerebro denominado núcleo caudado se activa junto con los receptores específicos de la dopamina produciendo energía intensa, placer, motivación y agudeza de la atención. Por otro lado el amor se relaciona más con la conexión generada con una persona, por lo general a largo plazo, en este caso actúa la oxitocina, hormona y  neurotransmisor  que se produce en el hipotálamo, se relaciona con el reconocimiento y establecimiento de las relaciones sociales; generación de lazos afectivos y de confianza, además se encarga de la dilatación del canal cervical durante el parto y la producción de leche materna. De modo que todo se reduce a una serie de eventos químicos y biológicos en donde nuestras hormonas pueden o no jugar a nuestro favor.

Fig. 1 Dinámica de las relaciones maritales explicada según la Segunda ley de la termodinámica.

Entonces, si todo es químico y  hormonal, ¿De qué depende el éxito de una relación?, pues se trata de un proceso multifactorial, donde las leyes de la física toman partido. Hace unos meses llegó a mi un interesante artículo científico de una universidad madrileña;  “A mathematical model of sentimental dynamics accounting for marital dissolution” (Rey, 2010), que lejos de enunciar argumentos en contra del matrimonio, planteaba medidas para evitar que este fracase.  Se supone que las parejas se comprometen en el mejor momento de la relación, digamos cuando los sentimientos son tan intensos, que los individuos consideran que no es posible vivir uno separado del otro, entonces algunas personas suele optar por el matrimonio, al ocurrir esto condicionan su felicidad al matrimonio y piensan que su relación no va a colapsar, sin embargo la epidemia de divorcios nos dice que la buena intención de un matrimonio feliz no garantiza el éxito de este, pues claro, nadie se casa sabiendo que a los 5 años se va a divorciar, no conozco a nadie que se haya casado que no quiera que su relación dure para siempre o lo más posible. He aquí la paradoja “¿Cómo es posible que una relación sentimental que se espera dure para siempre tenga altas probabilidades de fracasar?”, de aquí la necesidad desesperada de una teoría matemática para este fenómeno. Se sabe que las disrupciones de tipo sentimentales y maritales se dan progresivamente como un deterioro gradual, y además que el bienestar de la pareja  decrece después del matrimonio, para explicar esto se recurrió a la Segunda ley de la termodinámica de la física, que se refiere a la transferencia unidireccional y espontánea de energía desde los cuerpos de mayor energía hasta los de menor energía; el que transfiera energía será el que comprometa pérdida en su propio sistema y podrá ganarla nuevamente hasta alcanzar el equilibrio. ¿Y qué tiene que ver esto con la dinámica de las relaciones?,  pues mucho, imagínese una taza de café caliente recién preparada, eso representaría una pareja de recién casados, al pasar los minutos el agua empezará a perder calor (energía) hasta que termine por enfriarse, volviendo al ejemplo de la pareja, con los años los matrimonios también van perdiendo energía, denominada “esfuerzo”, llámelo usted esfuerzo por mantener estable la relación. Si su café se enfría, fácilmente puede meterlo al microondas y tener nuevamente la temperatura ideal, fíjese que para una pareja sucede exactamente igual, mientras se pueda aplicar el esfuerzo, el deterioro gradual se podrá evitar, sin embargo una vez que ha sobrepasado los límites de lo tolerable se  puede llegar a un punto irreversible; es decir el divorcio definitivo. La figura 1 nos explica este fenómeno, donde E es el equilibrio sentimental, aquí convergen Cs (esfuerzo admisible) y Xs (flujo de sentimiento confortable), la flecha amarilla indica la trayectoria objetivo, la flecha azul indica la trayectoria típica de una relación en deterioro y la flecha roja indica la trayectoria de una relación que ha sobrepasado el umbral de pre-ruptura (por debajo de C*, que es el esfuerzo mínimo). En cristiano, en el mejor de los casos los esfuerzos de la pareja permitirán que se mantenga la estabilidad (lo más cercano posible al equilibrio E) y así el éxito de su relación, por el contrario si el esfuerzo aplicado no es suficiente se observarán pequeñas caídas interrumpidas por fases de equilibrio (flecha azul); es decir un deterioro gradual hasta que pasado el punto E de equilibrio, en el umbral de pre-ruptura (antes del punto de pre-ruptura) el esfuerzo que se genera en la pareja, aún tolerable, será sobrepasado, convirtiéndose en un estado irreversible.

En conclusión las parejas que construyen y perciben su relación como proyectos definitivos son más propensas a fracasar, por el simple hecho de que mantienen el “esfuerzo relajado”, es decir se confían de lo que tienen como pareja, lo cual desde mi humilde punto científico no es compatible con lo que significa un sistema viviente que es dinámico, complejo, a veces errante y no necesariamente de un núcleo.

Homero y Marge: la pareja perfecta. Homero y las donas: la pareja eterna.

Finalmente me tomo la libertad de citar a Gabriel García Márquez en El amor en los tiempos del cólera; “El matrimonio no es felicidad, sino estabilidad” y a algún erudito, genio o mortal que dijo alguna vez “El amor no es suficiente”, y me atrevo a hacer reflexiones de estas frases basadas en leyes de termodinámica y modelos matemáticos. En el contexto de amor y enamoramiento; sin dopamina no hay oxitocina y sin matrimonio no hay divorcio, con las siempre infaltables excepciones.