Recientemente un estudio ha informado de que la contaminación sonora, del cual sabemos y conocemos muy de cerca en Lima, sobretodo por los bocinazos (algunos de aire para mayor sufrimiento) a los que nos someten nuestros pseudochoferes de transporte público y uno que otro cro-magnon al volante.

Volviendo al estudio en cuestión, resulta que las especies marinas que han estado sufriendo el embate químico al que le hemos estado sometiendo día y noche todos los años y sin descanso, enfrentan ahora nuestra contaminación sonora, probablemente no nos demos cuenta, pero los sonidos son muuy importantes para peces y mamíferos marinos, como sabemos por nuestras clases de secundaria, el aire es mal conductor de sonidos, el agua es mucho más eficiente para transmitir ondas sonoras y aún más los sólidos, si no me creen denle un golpe a la mesa y luego repitan la operación con la oreja pegada a la mesa y veran. La cuestión es que el ruido que hacemos en el mar es mucho más nociva de lo que parece en la superficie, los ruidos fuertes se transmiten en el agua por muchos kilómetros antes de que se desvanezcan del todo, esto es perjudicial para peces y mamiferos que se apoyan más en los sonidos que en la visión para desenvolverse. este efecto de polución sonora en el mar es como si existiera un smog tan denso que nos nubla la visión, por lo que las especies marinas quedan a merced de depredadores o depredadores que son menos eficientes capturando presas.

Después de la caza y contaminación química, las ballenas sufrirían ahora por contaminación sonora

Entre las especies más perjudicadas por este motivo se encuentran las ballenas que se comunican por medio de frecuendias muy bajas, las cuales viajan hasta cientos de kilómetros para comunicarse con sus congéneres de especie, el problema es que esas frecuencias se solapan con los sonidos que hacen los propulsores de barcos y botes los cuales generan burbujas que colapsan y generan esta interferencia, además de ellos están los sonidos que se hacen en la exploración de petroleo en el mar y otras actividades menores.  Al tener que comunicarse con toda esta interferencia de por medio, las ballenas tienen menos posibilidades de encontrarse las unas con otras para aparearse y son forzadas a tener que comunicarse “a gritos” lo cual genera un gasto de energía y probablemente estrés lo cual afecta su calidad de vida y comportamiento. El estudio mencionado ha demostrado de que el área efectiva de comunicación entre ballenas se ha reducido en casi 80%.

Se espera que los resultado puedan ser usados para establecer rutas marinas con menor impacto ambiental y mejorar los sistemas de propulsión para reducir el efecto de cavitación de las burbujas y evitar que la contaminación sonora se siga elevando.

Concluyendo, la contaminación sonora en el mar es perjudicial ciertamente, pero no se sabe demasiado sobre ella, no se conoce exactamente como influye la salinidad del agua, ni si todas las especies son afectadas por igual, es solamente el inicio de un tema del que poco se ha investigado.